یکشنبه ۲۴ شهریور ۱۳۹۸

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PIPOL 7 : NEWSLETTER 19 : Contributions from Barcelona and Fribourg

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Daniel Paul Schreber victime de son père, vraiment?
Olivier Clerc

Certains raccourcis peuvent conduire à faire de Schreber la victime de son père. Notre École s’oriente, entre mille et une précieuses indications de travail de Lacan, d’une mise en question radicale de la cause, estampillée par lui de clocherie et rafraîchissant, décentrant même, forte de son enseignement sur le parlêtre, les remises en question de Hume et de Kant de l’idée de cause – sans parler de saréalité –, qui furent un des séismes majeurs dans les théories de la connaissance.
Pourtant, l’oubli guette, le recours à la cause étant un des réflexes de la pensée et sa recherche une tension qui agite, et même constitue en partie le parlêtre. Soit donc le schéma : à toute chose, conçue dès lors comme effet, (au moins) une cause. Le donné, côté effet, c’est un événement qui dérange (nous disons plus souvent : qui « traumatise », « angoisse », « frustre », …), et qui est donc conçu comme ayant une cause à nommer. Ainsi reçue, la cause donne un sens à l’effet, elle est gage de maîtrise, de prévisibilité : l’explication causale permettant  – c’est l’espoir – de dissoudre le traumatisme, d’annuler l’angoisse, de résoudre le problème et surtout, d’en prévenir le retour. Foncièrement, il s’agit donc de rapporter un événement à un discours, de l’y réduire, sans reste idéalement. Et puisque le langage lui aussi traumatise, l’événement traumatisant, outre sa survenue dans la réalité  – la fameuse tuile de l’exemple philosophique  –, peut être aussi le fait d’un discours : l’insulte, par exemple, ou plus généralement toutes sortes de qualifications (jugements).
Du côté des Schreber, la simple application du schéma causal donnerait donc : « Tel père, tel fils » ; ou : à père toxique, fils intoxiqué ; à pédagogue dérangé, fils délirant ; à père idéalisant, fils néantisé. Mais avec Lacan, aucun savoir préalable (ici, la dinguerie de Moritz Schreber) ne saurait garantir une conséquence subjectiveannonçable (la folie de Daniel Paul). Et même après-coup, c’est l’interprétation seule du commentateur qui établit ce lien : « Comment voulez-vous qu’avec un tel père, etc. ?! »


¿Cómo entrar?
Leonora Troianovski


 El texto de presentación lantea la pregunta fundamental ¿cómo salir de la posición de víctima?, si enfocamos el tema desde la transferencia podemos preguntarnos ¿cómo entrar? Esta posición plantea de entrada una imposibilidad, ya que la causa está en el otro. Así, la entrada es difícil: sabemos que identificar al sujeto de la enunciación con el enunciado “soy víctima” no deja otra salida que la de la fijación. Sabemos también que una afirmación tal no es banal, ya que el “ser” que allí se proclama y la posición de “víctima” que se atribuye se imantan con la fuerza del goce.
En cada caso la pregunta se hace necesaria y la vía, posible, a condición de dar lugar a la palabra. Aun así, resta por verificar el diagnóstico del sujeto, en el punto en que consentirá o no a la responsabilidad.
¿Responsable de qué? En primer lugar, de sus propias palabras. Esta definición de responsabilidad implica la transferencia, como puesta en función de la escucha, donde dicho y decir se distinguen.
Juan se presenta en una consulta de la red asistencial, con una disculpa: “Usted no puede ayudarme”… aun así, por “educación” -y docilidad, supongo- ha accedido a acudir bajo indicación de su médico.
Explica que tiene problemas con un vecino que hace un ruido insoportable. Es un asunto de “civismo”, me aclara. Explica el tipo de ruido y sus infructuosos intentos de llegar a un acuerdo para que ponga remedio a una situación de la que es víctima.
Me hago eco de algo que al parecer le resulta verdaderamente insoportable, además de los decibeles: “la actitud” del vecino -donde encuentra la mala fe del semejante… Esto permite hacer lugar a la dimensión subjetiva sin quitar “objetividad” a lo que se presenta para él como certeza. Es entonces que Juan explicará algo que aun no había dicho y que supone para él cierto dilema: ya ha recurrido al Presidente de la escalera, al Ayuntamiento, la policía… ahora le queda un último recurso, que si fracasa, lo dejaría “en una situación límite”.
En este punto podemos recordar el impasse de La ley del corazón en la que el yo como función de desconocimiento queda atrapado en un impasse: a partir de creerse su mismidad, el desorden queda del lado del Mundo.  El yo queda como víctima de tal desorden.  No hay salida dialéctica, siendo la violencia la vía que permitiría romper el círculo.
Decido a apostar por la transferencia; señalo que si ese último recurso lo llevaría a una situación límite tal vez debería abstenerse y volver para seguir conversando del asunto. Así lo hará.

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Marie-Hélène Blancard
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Nathalie Georges
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  تاریخ انتشار: ۵ فروردین ۱۳۹۴، ساعت: ۱۸:۴۱